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19 de diciembre de 2011

SOSPECHOSOS HABITUALES

Sospechosos Habituales es una película demasiado audaz e inteligente para el espectador donde su director lo borda prácticamente de principio a fin. Y es que desde que Bryan Singer empezó su carrera apenas sin experiencia en el cine, con este trabajo hizo sonar muy alto su nombre en Hollywood. Puede que sea su cinta más codiciada a pesar de grandes películas como Verano de Corrupción X-men o Valkiria.

La cinta transmite demasiadas formas de como trabajar en un guión tan perfectamente completado como es en este caso. Y es que la historia abarca una serie de pistas que tras empezar a ver sus primeros minutos, no es fácil engancharse dado que los personajes y el tema principa no dan de sí todo lo que pueden dar , hasta que a partir de que transcurre algo más, va creciendo y se va convirtiendo en algo espectacular. La delicadeza que consigue obtener tal obra prevalece en el poder de atracción hacía el espectador que según avanzan los minutos más grande es esa fuerza. Singer no desaprovecha para nada un producto discreto con capacidad de altura y gran satisfacción.

Entre los actores Kevin Spacey, desapercibido desde que comienza, y explendoroso cuando acaba, sin imaginar lo que hay detrás de su personaje. Fabulosa interpretación de uno de los actores más aprovechables de la industria. Chazz Palminteri, Benicio del Toro y Stephen Baldwin acompañan como tienen que hacerlo sin desaprovechar la ocasión, y Gabriel Byrne es el líder de la banda cuyo liderazgo es definido desde un primer momento. Consigue esa fuerza que caracteriza a su personaje.

Sospechosos Habituales es la película más completa de Bryan Singer.

EL DIABLO Y EL CINE

La mejor coartada del diablo es hacernos creer que no existe (Baudelaire dixit). Pero gracias a renombrados cineastas se nos ha revelado su apariencia, advirtiéndonos, a través de filmes -curiosamente de culto- sobre la malevolencia de El Ángel Caí­do.
Así­, el llamado Prí­ncipe de las Tinieblas se instaló gratamente en la obscuridad de las salas de cine desde las primeras proyecciones: Georges Mélií¨s, F. W. Murnau, Fritz Lang, D.W. Griffith, Carl Theodor Dreyer, René Clair y Benjamin Christensen, fueron partidarios, tempranamente, de la denuncia del Señor del Averno.
Otros grandes y diversos directores, desde su propio estilo y género preferido, han mostrado o sugerido la presencia del Maligno. A Jacques Tourner, maestro de la atmósfera, los productores de Una Cita con el Diablo (1957), le obligaron a insertar una gigantesca criatura que personificaba al demonio. Stanley Donen, desde la divertida sátira Un Fausto Moderno (1967), narraba la historia de un “pobre diablo” en la Inglaterra pop; la casa Hammer en Una Tumba en la eternidad (1967), demostraba que el demonio viene más allá de la estratosfera y puede manifestarse en forma de invasión extraterrestre. Roman Polanski, con El Bebé de Rosemary (1968), sorprendí­a evitando el truco fácil de evidenciar al bebé de Satanás, y sólo dejaba ver una cuna de velos negros.
Luego, el Chamuco prefirió omitir toda su iconografí­a creada por los artistas plásticos de la cristiandad, para introducirse en la vida monacal sustentada en los eventos ocurridos en Loudun, en la excesiva y provocadora cinta Los Demonios (1971), de Ken Russell; para enseguida, poseer púberes en El Exorcista (1973) de Friedkin, o de plano, apoderarse de inocentes cuerpos de niños representando al Anticristo en el ambiente del poder polí­tico mundial en La Profecí­a (1976), según Richard Donner.
Después, la maldad ya no tuvo a su enemigo perenne a mano, la bondad. A fin de milenio el hombre se habí­a desbarrado en un cinismo que no le permití­a ser bueno. Entonces, El Diablo decidió pasarse del lado del enemigo para comportarse generosamente violento contra, por ejemplo, el mal comportamiento juvenil; pero ahora se alejaba de la representación del bestiario bí­blico, adquiriendo personificación de psicópata, demente o asesino serial, en filmes como: Pesadilla en la Calle del Infierno, Halloween, Viernes 13, y demás.