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17 de mayo de 2012

AMÉLIE (2001)

Ya lo había dicho Roger Ebert en un artículo publicado en 1994: "Toda crítica es subjetiva". Se referia esencialmente, al hecho de que la objetividad dentro del arte, dentro de la vida misma, es virtualmente imposible. Nuestros juicios, nuestras apreciaciones, siempre estarán matizadas, por más que lo evitemos, por nuestras creencias, nuestras expectativas, nuestras experiencias. De hecho, para Ebert, es esta subjetividad la que diferencia un buen crítico de otros no tan excelsos. Es por tanto, que no puedo ser objetivo con Amélie. Más allá de criterios estéticos y cinematográficos, esta película es toda una lección de vida. La verdad, me es indiferente que algunas personas la tachen de cursi o amilbarada. En mi concepto, es una de los filmes más hermosos que he visto en toda la vida. Es muy difícil no rendirse ante la belleza de los personajes, del guión, de la música. Es inútil no dejarse arrastrar por ese prodigio de la naturaleza llamado Audrey Tautou, por aquellos ojos inmensos (nada que envidiarle a Bette Davis), por aquella sonrisa guasona, por la compasión y humanidad de sus acciones. Amo esta película y tal vez sea por eso que aún no haya sido capaz de encontrar sus defectos, sus falencias. Las tiene, no existe la perfección. Pero mientras las encuentro, me seguiré deleitando una y otra vez con Amélie.