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12 de abril de 2012

LEÓLO

Léolo es realmente una obra desconcertante. Si no te consigue fascinar la introducción del film dudosamente podrás acompañar a este inolvidable niño por su viaje hipnótico y surrealista. Lástima que haya visto la versión doblada, pues seguramente cuando consiga verla en V.O. merezca un 10. Locura, sueños, sordidez, amor, deseperación, poesía... Todo se mezcla en la triste y dura realidad de la que el pobre Léolo intenta escapar en cada momento entregándose a la escritura, a ese cuaderno que guarda su verdadero mundo. Negando la verdad que le rodea, su esperanza va mermando según va haciendose mayor. Y el espectador queda enamorado para siempre. "Porque sueño no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño. A ti la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar... te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira, que tú misma, me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí, una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad".