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15 de febrero de 2012

LA JAURIA HUMANA.

1966
Historia totalmente desenfrenada y caótica. Todo transcurre en apenas una noche en la que Penn nos mantiene bien en vilo sin darnos tiempo a respirar. La denuncia es brutal y crece a cada momento: “si un hombre matase porque su mujer se entiende con otro, la mitad del pueblo desaparecería”.

Alcohol, racismo, chantaje, tenencia de armas, petróleo, ambición, traición, envidia; en definitiva, un durísimo y crítico retrato de la sociedad americana (aunque toda esta vileza es extrapolable a cualquier sociedad y rincón del mundo) que sigue obcecada en burlar la ley y tomarse la justicia por su mano, mientras una viejecita beata, reza por todos los habitantes de ese pueblo demencial donde reina el caos más violento. ¿Sabrá que vive entre Sodoma y Gomorra? Sin embargo el castigo no se cierne sobre la masa depravada y corrompida, esa Santa Inquisición que se arroga el derecho a linchar a quien sea por puro divertimento, entre polvos extramaritales, copas, más copas y fiestas fastuosas.

Todo funciona del revés: el preso fugado, acosado e idolatrado por las adolescentes, pero acribillado como un perro, es el único inocente en este baile de malditos, de esta historia de pan y circo donde los cristianos se convierten no en leones sino en hienas, donde sólo Brando representa una ética y una decencia a prueba de balas: “todas las buenas intenciones del sábado noche se olvidan con la resaca del domingo”.

El reparto: Marlon Brando, Robert Redford, Angie Dickinson y Jane Fonda, James Fox (jovencísimo, casi irreconocible), E.G. Marshall y Miriam Hopkins, además de Robert Duvall. Algo que me llama muchísimo la atención, precisamente: contando con uno de los elencos actorales más envidiables del cine americano de la época, la mitad de sus grades intérpretes sobran. Y es más, juegan en contra de la película; al despiste.

Me quedo con la soberbia actuación de Brando, de Dickinson y de Marshall.