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24 de julio de 2012

LA SEMILLA DEL DIABLO. (1968)

El retrato de un mundo oscuro y demoníaco tras las apacibles paredes de un típico hogar estadounidense abren la puerta a Polanski para dibujar con sus habilidades características, los planos subjetivos desde la paranoica heroína Rosemary (con una mas que memorable encarnación de Mia Farrow), el humor negro que impregna toda la cinta (la soberbia pareja de veteranos Ruth Gordon y Ralph Bellamy) que como elementos característicos de este realizador se dan cita aquí nuevamente. La maravillosa adaptación que el mismo Polansky escribió nos va adentrando en un aparente telenovela rosa (los recién casados buscando un hogar donde iniciar su vida en pareja) que al pasar el tiempo mutará en una especie de pesadilla urbana, un surrealista y aterrador viaje con grandes dosis de suspenso y ambivalencia (las insinuaciones preponderan sobre la "muestra gratuita"). El verdadero temor que produce el bebé de Rosemary es la increíble capacidad de crear conciencia en el espectador y hacerle entender que tras la pared del vecino se esconden otros mundos, otra clase de personas, otra clase de "costumbres" que en este caso guardan oscuros lazos como lo es el culto a Satán, un fenómeno que podría estar a la vuelta de la esquina de cualquier hogar llámese decente, es uno de los mas grandes temores del ser humano, mas que asesinos persiguiendo con hachas, mas que animales monstruosos o seres del espacio exterior, es esta profunda creencia en el inframundo del sufrimiento eterno y de su abominable líder la que acaba por no dejar conciliar el sueño a los menos aptos. En conjunto estamos ante un inmortal clásico del Terror psicológico.