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9 de mayo de 2012

BARRY LYNDON (1975)

Real, pulcra, genial, magnífica, esplendida, clásica, profesional, grandilocuente, elegante, delicada, terriblemente bella. ¿Lo oyen? Es Händel ¿Lo ven? Es el hermoso cuadro de Raphael bajo la cámara de Kubrick. ¿Lo sienten? Sí, ustedes están sin género de dudas en el siglo XVIII. Eximia película, lastimera por su violencia. Una violencia que no necesita de fuego, acción, explosiones. ¡No señores y señoras! Necesita de tensiones, de silencios y de miradas. Traigan sus maletas porque les espera un viaje largo, un viaje en pendiente descendiente hasta la puerta del infierno. La muestra de una sociedad que corrompió a un joven irlandés. Una sociedad obstinada, del lujo que fue apagando una vida. Y traiga muchas tierras porque a donde usted va a ir cuenta el amor pero sobretodo el patrimonio personal. Por otro lado, veo en esta película un ejemplo claro de obra maestra histórica. Se que muchos dirán que no es importante, no obstante, para mí siempre que se use la historia mínimamente en serio es preciso analizarlo. Pero es que esta obra acierta en todo. Desde la forma en que se sienta uno a comer y el mismo protocolo (recomiendo la lectura de Historia de la família de James Casey) como asimismo la inseguridad de los caminos. Tratamiento exquisito de todo y de todos, acierto histórico y, a pesar del debate que comportaría la importancia de los duelos, no hay casi ningún lugar por donde ver una mala calidad.